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Las hipótesis con las que parte la investigación del atentado en Bogotá

 

 

El regreso del terrorismo a Bogotá después de casi dos años, esta vez contra la Escuela de Cadetes General Santander, marca un punto crítico para la seguridad del país. No solo por la modalidad misma del ataque, sino por las repercusiones que podría tener en caso de que se establezca alguna responsabilidad de la guerrilla del Eln. Según las investigaciones, el carro tenía matrícula de Arauca, departamento fuertemente golpeado por la violencia de esa guerrilla.

Hasta el momento no existe ninguna declaración oficial de la autoría. Las autoridades se han cuidado de no hacer señalamientos, a la espera de mayor información sobre el atentado y sus posibles responsables.

Sin embargo, fuentes de alto nivel confirman que la investigación parte con tres hipótesis. La primera apunta a las milicias del Eln, que en Bogotá volaron un baño de mujeres del Centro Comercial Andino en junio del 2017 y también fueron responsables del ataque con bomba que mató a un policía del Esmad en febrero del mismo año. La segunda, al ‘clan Úsuga’ y su jefe, ‘Otoniel’, que en varias oportunidades ha intentado utilizar el terrorismo para presionar una salida política a su situación; y, finalmente, a las disidencias de las Farc.

Sobre esta última hipótesis, las autoridades han estado alerta por eventuales retaliaciones tras la caída de alias ‘Guacho’, pero los expertos no ven en esos grupos la capacidad para llevar a cabo golpes en las grandes ciudades.

En cuanto a la banda de ‘Otoniel’, se han investigado informes según los cuales ha buscado contratar a explosivistas de las antiguas Farc, pero no hay indicios de que esos planes se hubieran concretado. Aún así, las autoridades dicen que su grupo criminal sigue teniendo los recursos necesarios para contratar los servicios de otras redes criminales.

Los antecedentes recientes en Bogotá y otras capitales -el 27 de enero del año pasado una bomba mató a 5 policías y dejó más de 40 heridos en Barranquilla- ponen a las milicias del Eln en la cabeza de la lista de posibles responsables.

Esa guerrilla ha reactivado sus acciones terroristas tras los fallidos diálogos con el pasado gobierno y la indefinición sobre la suerte del proceso de paz con la administración Duque. El derribamiento de un helicóptero civil la semana pasada, para robar el dinero que se transportaba en él, y el secuestro de sus tres ocupantes, son muestra de ello.

Con secuestro y robo millonario Eln se aleja más de diálogos de paz

En Bogotá, el Eln sigue teniendo redes de milicianos infiltrados en varias instituciones de educación, y a pesar de las capturas de señalados miembros de  redes como ‘Llamarada’ las fuentes señalan que el riesgo se mantiene. Esas estructuras, fuertemente politizadas, tienen entrenamiento en explosivos y fueron las responsables de los ataques en el Andino y en Barranquilla.

Por el momento, de nuevo, no hay ningún señalamiento concreto hacia esas milicias y el Eln. Pero en caso de que esa situación llegara a cambiar se prevé una consecuencia inmediata: el virtual entierro de cualquier posibilidad de negociación con esa guerrilla, con la que el proceso de paz atraviesa, desde hace meses, un momento crítico.

Aunque el hombre que según las autoridades manejaba la camioneta bomba arremetió contra la guardia y murió en la explosión, es poco probable que ese desenlace estuviera en sus cálculos. Lo que creen los investigadores es que o bien la carga fue activada a distancia (hay antecedentes, como el atentado de las Farc contra el Club El Nogal, en el 2003, en los que el terrorista es sacrificado por sus cómplices) o que la carga explotaría por temporizador y que el plan del conductor era evadirse en la entrada de la Escuela. Sin embargo, cuando el perro antiexplosivos dio la alarma, el conductor no pudo huir del lugar y optó por seguir en el vehículo.